Escuela agroecológica y territorial Manuel Quintín Lame

El maíz es así como Cristo: se levanta victorioso de la oscuridad del suelo y saca su fuerza cuando germina, cuando brota a los tres días. Es espíritu puro todo lo que muestra, y por eso mismo es tratado como una divinidad. Él trae la energía para transformarse en vida y alimento poderoso, unas veces para llegar a las bocas convertido en arepas, orejeperros, petos, sopas o mutes, bizcochos, tortas, galletas, coladas y miles de recetas tradicionales o para alimentar directamente a los animales y dar forma y alegría al territorio. Pero, sin duda, la cacica, la mamá, la mayora de los alimentos derivados del maíz es la chicha. Ella, como buena divinidad, resucita con fuerza transformada a los tres días y se pule durante cuatro días más, para que pueda salir la tesa, que es el olor, el sabor y la textura que nos recuerda el pasado, el presente y el futuro de nuestra identidad pijao.

En la Escuela Manuel Quintín Lame una de las tareas centrales para estudiar la biodiversidad, que es semilla y cultura de los pueblos, pusimos como lección central: aprender a hacer chicha.

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